martes, 10 de junio de 2008
jueves, 5 de junio de 2008
miércoles, 4 de junio de 2008
Compañeras y compañeros:
.
Desde luego ―y cómo no― me llenó de orgullo la invitación a participar de este acto, cuando llegaron a mi casa Richard Salazar, nuevo presidente de
.
Es lindo saber que sus sueños, su dedicación y su esfuerzo en la literatura, en la política y en la vida no fueron vanos. Que aquí están quienes lo quisieron y respetaron como fundador de
.
Aquí están quienes lo conocieron como el político contestatario y luchador que, desde su periódico digital El Tábano, se enfrentó a los dragones del poder. También se encuentran los que participaron de los Talleres de Reflexión Política Francisco Bilbao, qué, a través de su publicación “Voces Nuestras”, rechazó la exacción de los impuestos a nuestras riquezas básicas y denunció componendas y arreglines de bigotes.
.
Han llegado, además, aquellos que lo conocieron como dirigente de artesanos y pobladores, a quienes editó una red de periódicos barriales para defender sus derechos en las distintas zonas de la capital.
.
A todos ustedes, que lo conocieron como un gran organizador, como un intelectual, como un rebelde natural y finalmente como aquel escritor iluso, fantástico y siempre enamorado de la vida. Muchas gracias por estar aquí.
.
No es mi intención aburrirlos.
.
Me pidieron contar experiencias personales. Que relatase vivencias familiares, un poco de lo que fue nuestra vida o, como dicen ahora, ¿cuál fue el lado B de mi hermano? Nunca seré un infidente.
.
Entremos en materia.
.
Carlos Raúl, desde niño, siempre fue conocido como Raúl Sepúlveda, porque llevaba el mismo nombre de mi papá. Eso de Carlos sólo surgió después del año 1973, cuando muchos trataban de irse al exilio y otros pretendíamos hacer algo por Chile, sin alejarnos mucho. Fueron días duros para nosotros... Sufrimos por mi hermano menor Daniel, Detenido Desaparecido en ese mismo mes de Septiembre. Por otro lado, Raúl, que era el mayor de todos, y yo fuimos apresados y torturados. Raúl, al que desde niño le dije Guatón, fue hasta el día 11 el Secretario General de una organización de la cual muy pocos sabían que existía: el Partido Federado de
.
Por aquellos días yo me desempeñaba como Jefe de Informaciones de Radio Magallanes y sobre el particular permítanme una pequeña aclaración.
.
Hace unos años supe que un periodista que ese día 11 estuvo en la radio sólo hasta las 8 de la mañana, declaró reiteradamente durante su permanencia, exiliado en Europa, haber hablado esa mañana con el Presidente Allende en tres oportunidades. Esta declaración, absolutamente falsa, fue refrendada como verdadera por el Partido Comunista. El reportero a quien me refiero fue denunciado ante
.
Perdónenme por haberme referido a esto (muy al margen del tema que nos convoca). Lo hice a petición de mi propio hermano Raúl a quien, en vida, le molestaba mucho esta situación, y de Richard Salazar que al invitarme a este acto, hace unos días, me manifestó su extrañeza porque nunca me hubiese referido a este equívoco. Si no hablé antes es porque siempre creí que lo importante fue posibilitar ese maravilloso discurso de las grandes alamedas y no orgullos ni lucimientos personales.
.
Mi hermano Raúl fue rebelde desde siempre. Cursaba el Quinto Año de Humanidades en el colegio que
.
Fruto de aquella huelga juvenil fueron también nuestros primeros nexos con los jóvenes comunistas, los que se acrecentaron cuando fuimos recibidos en el Liceo de Hombres de la ciudad.
.
Raúl fue comunista durante muchos años. Ingresó primero a
Finalmente el Golpe Militar lo sorprendió en el citado Partido Federado de
.
El Gordo fue siempre un muchacho tímido y retraído, no obstante muy influyente entre sus amigos que en aquellos años lo llamaban “el Filósofo”. Siempre con un libro bajo el brazo, no le gustaban las fiestas, no sabía bailar, cantaba desafinado, y no era de muchos pololeos, pero cuando se enamoraba había que tenerle respeto. No voy a hablar de sus pololas. Sólo un recuerdo para su mujer Anita María, tempranamente fallecida y con la cual formó una linda familia. Sus hijos Raúl Eduardo, Rita Rosana, Hilda Amelia y Ana Paz. A ellos se dirigió en su última novela, “La puerta negra”, cuando sintió que ya le llegaba la hora. Muchos de los que están hoy participaron hace poco más de un año en el lanzamiento de ese libro en
.
Esto es para mis hijos...
.
Nunca he dejado de pensarlos como pedazos míos, carne de mi carne y de mi sangre, asumiendo sus dolores y perplejidades.
¿Es una justificación?
¿Con eso basta?
Si, no ignoro que de repente pueden reclamarme una herencia verdadera.
Castillos, tesoros.
¿Qué tesoros?
¿Qué clase de joyas escondidas, yo, que a lo largo de mi vida sólo he reunido música, libros y colores?
Tal vez una canción infantil que inventé para ustedes.
Una palabra única, una palabra de amor secreta, para nombrarlos, algo para ser transmitido a sus hijos como si fuese una caricia solo nuestra.
¿Qué respuestas puedo dejarles yo que sólo tengo preguntas?
.
Raúl estuvo permanentemente apegado a su familia. En especial a mi mamá. Casi todos ustedes la conocieron como la Señora Hilda, en la casa de la calle Copiapó. Hace pocos años, tras su interminable tratamiento de diálisis, tres días a la semana, también nos abandonó. Fue una mujer de gran temperamento y mucha sensibilidad. No les quepa duda que su muerte nos golpeó fuerte. Especialmente a mi hermano Raúl, el cual, durante muchos años, permaneció bajo su alero, y entre ambos se acompañaron, protegieron y cuidaron.
.
Fuimos buenos hermanos. Desde chicos tuvimos una relación armónica, de repente interrumpida por una discusión o un diferendo. Tenía que darse. Aún cuando por lo general estábamos de acuerdo y teníamos idearios comunes, Raúl fue siempre voluntarioso, y yo tampoco lo hago mal. Durante los últimos años, en la medida que nos quedábamos más solos, nos acercamos cada día más. La diabetes, enfermedad que también compartimos, fue otro factor importante.
Participamos de una marcha al Cementerio General un 11 de Septiembre. En esa ocasión Raúl se hizo una herida en un pié, fruto de la caminata. Porfiado como era, no quiso detenerse hasta que llegó cojeando al Memorial de los Detenidos Desaparecidos. Nunca logró recuperarse de esa, para otros, pequeña lesión. Durante meses lo acompañé diariamente a sus curaciones en el Consultorio Nº
.
.
.
― ¿Dónde estoy?, ¿quién me trajo?, ¿por qué me trajiste?
―Estabas difareando y no reconocías a nadie, le contesté.
―El que yo esté difareando es lo normal, no es ninguna novedad. Préstame tu celular, respondió.
.
Trató de comunicarse no sé con quien, pero no lo logró. El médico de turno me dijo:
―Señor, su hermano tiene visita mañana en el cuarto piso.
.
Me retiré contento porque ví que estaba lúcido. Ese fue el último atisbo de conciencia y de su humor lúdico. Nunca más nadie pudo cruzar una palabra con él.
.
Santiago, 27 de mayo de 2008.
Nota: Leido en el homenaje que SOCHIF efectuó en memoria de Carlos Raúl Sepúlveda en Museo Nacional Benjamín Vicuña Mackenna.
martes, 3 de junio de 2008
.
martes, 20 de mayo de 2008
Martes 27 de mayo de 2008, 1930 horas.
Salón principal de
lunes, 19 de mayo de 2008
Es la hora más negra de la noche.
Quince minutos antes del amanecer.
Respiro con infinitas precauciones.
En mi caja toráxica algo se hincha y puede reventar como un glóbulo negro.
Quiero escribir algo.
Esta hora llega siempre sin aviso y hay tanto que decir.
Tan poco tiempo.
Sólo lo necesario para un testimonio.
.
Esto es para mis hijos.
Fueron ustedes niños bienamados.
Nunca he dejado de pensarlos como pedazos míos, carne de mi carne y de mi sangre, asumiendo sus dolores y sus perplejidades...
¿Es una justificación?
¿Con eso basta?
Sí, ignoro que de repente pueden reclamarme una herencia verdadera.
Castillos, tesoros.
¿Qué fortalezas puedo heredarles sino aquellas sombrías ruinas de piedra que se levantan junto al mar, en el país de mis sueños?
¿Qué tesoros?
¿Qué clase de joyas escondidas, yo, que a lo largo de mi vida sólo he reunido música, libros y colores?
Tal vez una canción infantil que inventé para ustedes.
Una palabra única, una palabra de amor secreta, para nombrarlos, algo para ser transmitido a sus hijos como si fuese una caricia sólo nuestra.
¿Qué clase de rubíes, sino el rojo de los atardeceres que a lo largo de mi vida se han transformado en un interminable crepúsculo?
¿Qué respuestas puedo dejarles yo, que sólo tengo preguntas?
¿Qué verdades definitivas, si únicamente puedo mostrarles mapas de caminos abandonados y rutas sin regreso?
.
Alguna vez pensé cambiar el mundo.
No trataba de acumular nada, porque en ese sueño sería nuestro el aire, el agua, la tierra, el mar, el Sol, el mundo, la sabiduría, el amor, así como el mañana.
No pude.
No pudimos.
Sólo un puñado de huesos, cenizas en la boca, el ajenjo de la traición y el olvido, el conocimiento de la maldad...
Piedras memoriales, restos dispersos.
Recuerdos indeseables que nos asaltan todavía en pesadillas.
El dinero, las armas. El egoísmo, fueron los fuertes.
.
¿Puedo acaso legarles en mi testamento veinte, treinta años, este puñado de pensamientos rotos que no pesan más que una flor seca?
Una flor olvidada entre las páginas del libro de la vida.
Y en el recuento final...
¿Qué puedo darles?
Sólo mi rebeldía, mi corazón indómito, mi conciencia.
El saber cómo son las cosas en realidad.
Más allá de toda manipulación, de todo filtro, de todo engaño de la civilización.
De las convenciones de una educación religiosa, de la democracia entre comillas que no es tal, de los intereses creados que siempre serán omnipresentes.
Eso.
La búsqueda de la verdad, aquella que es imposible de transar.
La curiosidad.
Tal vez poder crear una mariposa con un trozo de papel, un sentimiento con un color, una estación con una única hoja seca.
La voluntad de luchar por la felicidad, la inteligencia, que nunca ha servido de mucho pero que también está ahí.
.
¡Cuidado! Es como un solo buey tirando una carreta en círculos, de nada sirve si no lleva junto a sí al otro animal, su compañero, el Criterio.
La relativa belleza que se destruye sin cesar.
La esperanza, como un puñado de espigas verdes que jamás se agostan.
La integridad, la consecuencia que nos permite seguir siendo nosotros.
Eso es todo.
Un poco más que un corazón dolorido y la soledad, mi compañera.
En el recuento creo que no es poco.
Siento que ha llegado el momento en que sabré finalmente lo que hay del otro lado de la gran puerta negra.
Que tengo que dejarles.
No hay temor al momento de partir, sólo tristeza.
¿Será suficiente mi legado?
.
El reloj se detiene.
Un viejo tren pitea en mi memoria anunciando su marcha.
Aquí queda mi amor.
Ya es tiempo.
.

Texto incluido en su libro “La puerta negra”.
Santiago, Ediciones de la Golondrina, 2006.
domingo, 18 de mayo de 2008
Revista Quantor, Año 2 - Nº 4. 
sábado, 17 de mayo de 2008
Revista Quantor, Año I - Nº 2. 
viernes, 16 de mayo de 2008
―El fenómeno del acomodo. ¿Has probado una de esas píldoras recubiertas? Son dulces y de buen sabor. Pero no trates de mascarlas... ¿Recuerdas la democracia protegida?
―También debe haber participación de todos en el poder político por el hecho de la igualdad inherente a todas las personas, lo que configura la idea de la no división de la sociedad en clases superiores e inferiores. Esto es, la igualdad esencial de todos los seres humanos. Sé lo que vas a decir, pero, por favor, no me interrumpas― agregó.
―Como iba diciendo, el principio de la igualdad esencial de todos los seres humanos no implica, en sí, una nivelación mecánica... No quiere decir que todos los hombres son iguales en cuanto a sus cualidades, méritos y dones, sino que todos personifican el mismo principio ontológico de humanidad... ¿Te das cuenta?
jueves, 15 de mayo de 2008


1. Texto aparecido en Revista Quantor, Año 2, Nº 4, julio de 1999.



