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miércoles, 4 de junio de 2008

PARA MI HERMANO CARLOS RAÚL.
Por Ramiro Sepúlveda Contreras.
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Compañeras y compañeros:
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Siempre es muy agradable reunirse para recordar a una persona querida. Es grato encontrarse con ustedes quienes fueron familiares, amigos, amigas, discípulos, aliados y hasta adversarios políticos que también respetaron a mi hermano Carlos Raúl.
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Desde luego ―y cómo no― me llenó de orgullo la invitación a participar de este acto, cuando llegaron a mi casa Richard Salazar, nuevo presidente de la SOCHIF (“el buen alemán”, le decía Raúl) y el Pato Haschke, su otro buen amigo y adlátere. Si alguno de ustedes no lo sabe, SOCHIF es la sigla de la Sociedad Chilena de Fantasía y Ciencia Ficción.
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Es lindo saber que sus sueños, su dedicación y su esfuerzo en la literatura, en la política y en la vida no fueron vanos. Que aquí están quienes lo quisieron y respetaron como fundador de la SOCHIF, donde editó la Revista Quantor y los libros de numerosos amigos, muchos de los cuales ya partieron. Entre ellos ―cómo olvidarlo― Juan Ricardo, el Guatón Muñoz, el querido Viejo Roca, el Chico Max y, desde luego, su compañera Eugenia Landabur. Mis mejores augurios para la generación que reemplaza hoy a aquellos que ya partieron.
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Aquí están quienes lo conocieron como el político contestatario y luchador que, desde su periódico digital El Tábano, se enfrentó a los dragones del poder. También se encuentran los que participaron de los Talleres de Reflexión Política Francisco Bilbao, qué, a través de su publicación “Voces Nuestras”, rechazó la exacción de los impuestos a nuestras riquezas básicas y denunció componendas y arreglines de bigotes.
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Han llegado, además, aquellos que lo conocieron como dirigente de artesanos y pobladores, a quienes editó una red de periódicos barriales para defender sus derechos en las distintas zonas de la capital.
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A todos ustedes, que lo conocieron como un gran organizador, como un intelectual, como un rebelde natural y finalmente como aquel escritor iluso, fantástico y siempre enamorado de la vida. Muchas gracias por estar aquí.
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No es mi intención aburrirlos.
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Me pidieron contar experiencias personales. Que relatase vivencias familiares, un poco de lo que fue nuestra vida o, como dicen ahora, ¿cuál fue el lado B de mi hermano? Nunca seré un infidente.
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Entremos en materia.
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Carlos Raúl, desde niño, siempre fue conocido como Raúl Sepúlveda, porque llevaba el mismo nombre de mi papá. Eso de Carlos sólo surgió después del año 1973, cuando muchos trataban de irse al exilio y otros pretendíamos hacer algo por Chile, sin alejarnos mucho. Fueron días duros para nosotros... Sufrimos por mi hermano menor Daniel, Detenido Desaparecido en ese mismo mes de Septiembre. Por otro lado, Raúl, que era el mayor de todos, y yo fuimos apresados y torturados. Raúl, al que desde niño le dije Guatón,
fue hasta el día 11 el Secretario General de una organización de la cual muy pocos sabían que existía: el Partido Federado de la Unidad Popular.
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Por aquellos días yo me desempeñaba como Jefe de Informaciones de Radio Magallanes y sobre el particular permítanme una pequeña aclaración.
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Hace unos años supe que un periodista que ese día 11 estuvo en la radio sólo hasta las 8 de la mañana, declaró reiteradamente durante su permanencia, exiliado en Europa, haber hablado esa mañana con el Presidente Allende en tres oportunidades. Esta declaración, absolutamente falsa, fue refrendada como verdadera por el Partido Comunista. El reportero a quien me refiero fue denunciado ante la Comisión de Ética del Colegio de Periodistas porque nunca habló con el compañero Presidente. En honor a la verdad, fui yo quien se comunicó esa mañana ―vía magneto― con el Presidente y luego entregué el teléfono a Guillermo Ravest, Director de la emisora, que fue quien formuló el reclamo contra el periodista citado, el que hoy, lamentablemente, adolece de una grave enfermedad.
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Perdónenme por haberme referido a esto (muy al margen del tema que nos convoca). Lo hice a petición de mi propio hermano Raúl a quien, en vida, le molestaba mucho esta situación, y de Richard Salazar que al invitarme a este acto, hace unos días, me manifestó su extrañeza porque nunca me hubiese referido a este equívoco. Si no hablé antes es porque siempre creí que lo importante fue posibilitar ese maravilloso discurso de las grandes alamedas y no orgullos ni lucimientos personales.
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Mi hermano Raúl fue rebelde desde siempre. Cursaba el Quinto Año de Humanidades en el colegio que la Alianza Francesa mantiene en Osorno cuando fue expulsado por encabezar la primera huelga de estudiantes que debió soportar ese establecimiento. No crean que por estudiar en ese colegio pertenecíamos a una familia muy pudiente. En verdad, somos de la llamada clase media-media. Mi papá era Profesor de Química y Farmacia y, aparte de en el Liceo, hacía clases en la Alianza y nosotros teníamos gratuidad de matrícula y estudios. Como yo era más chico que el Guatón y le seguía las de abajo, ambos fuimos exonerados junto a varios de mis compañeros de curso, amigos que algunos de ustedes conocen: Iván Marty, el Patán Mancilla, quien ahora es profesor de la misma Alianza Francesa, pero en África, y Pato Ahumada al cual, años después aquí en Santiago, luego de trabajar esforzadamente junto a Raúl ―en su época de artesano― la dictadura lo hizo desaparecer.
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Fruto de aquella huelga juvenil fueron también nuestros primeros nexos con los jóvenes comunistas, los que se acrecentaron cuando fuimos recibidos en el Liceo de Hombres de la ciudad.
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Raúl fue comunista durante muchos años. Ingresó primero a la Juventud y luego al Partido Comunista. Dirigente estudiantil primero y funcionario después, recorrió el país como un revolucionario profesional. Candidato a regidor y a diputado en la provincia de Ñuble, donde formó numerosos comités locales y bases. Siendo Secretario Regional en la provincia de Llanquihue, subrogó varias veces al Intendente Regional. Luego fue al Congreso donde, como funcionario de la Cámara, trabajaba con los diputados comunistas. Durante algún tiempo se sumó a la Organización Mundial por la Paz, que lo condecoró con la Medalla de la Paz en reconocimiento a su dedicación y esfuerzo.

Finalmente el Golpe Militar lo sorprendió en el citado Partido Federado de la Unidad Popular, una organización de carácter instrumental donde se reunían los partidos de la coalición de gobierno del Presidente Salvador Allende. Después, bueno, ustedes ya saben. Como muchos, incluida mi mamá y nuestro amigo Domingo Araya, y muchos otros se incorporó al PPD para lograr la vuelta a la democracia. No duró mucho allí. Primero se enfrentó a Schaulsohn, que está a la vista en lo que terminó, y más tarde con Bitar. Finalizó separando aguas con la fundación de los Talleres de Reflexión Política Francisco Bilbao, inicialmente creados como un espacio crítico en el propio seno del PPD.
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El Gordo fue siempre un muchacho tímido y retraído, no obstante muy influyente entre sus amigos que en aquellos años lo llamaban “el Filósofo”. Siempre con un libro bajo el brazo, no le gustaban las fiestas, no sabía bailar, cantaba desafinado, y no era de muchos pololeos, pero cuando se enamoraba había que tenerle respeto. No voy a hablar de sus pololas. Sólo un recuerdo para su mujer Anita María, tempranamente fallecida y con la cual formó una linda familia. Sus hijos Raúl Eduardo, Rita Rosana, Hilda Amelia y Ana Paz. A ellos se dirigió en su última novela, “La puerta negra”, cuando sintió que ya le llegaba la hora. Muchos de los que están hoy participaron hace poco más de un año en el lanzamiento de ese libro en la Sociedad de Escritores de Chile, institución que siempre lo acogió cálidamente. Permítanme citar algunas frases de ese texto:
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Esto es para mis hijos...
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Nunca he dejado de pensarlos como pedazos míos, carne de mi carne y de mi sangre, asumiendo sus dolores y perplejidades.
¿Es una justificación?
¿Con eso basta?
Si, no ignoro que de repente pueden reclamarme una herencia verdadera.
Castillos, tesoros.
¿Qué tesoros?
¿Qué clase de joyas escondidas, yo, que a lo largo de mi vida sólo he reunido música, libros y colores?
Tal vez una canción infantil que inventé para ustedes.
Una palabra única, una palabra de amor secreta, para nombrarlos, algo para ser transmitido a sus hijos como si fuese una caricia solo nuestra.
¿Qué respuestas puedo dejarles yo que sólo tengo preguntas?
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Raúl estuvo permanentemente apegado a su familia. En especial a mi mamá. Casi todos ustedes la conocieron como la Señora Hilda, en la casa de la calle Copiapó. Hace pocos años, tras su interminable tratamiento de diálisis, tres días a la semana, también nos abandonó. Fue una mujer de gran temperamento y mucha sensibilidad. No les quepa duda que su muerte nos golpeó fuerte. Especialmente a mi hermano Raúl, el cual, durante muchos años, permaneció bajo su alero, y entre ambos se acompañaron, protegieron y cuidaron.
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Fuimos buenos hermanos. Desde chicos tuvimos una relación armónica, de repente interrumpida por una discusión o un diferendo. Tenía que darse. Aún cuando por lo general estábamos de acuerdo y teníamos idearios comunes, Raúl fue siempre voluntarioso, y yo tampoco lo hago mal. Durante los últimos años, en la medida que nos quedábamos más solos, nos acercamos cada día más. La diabetes, enfermedad que también compartimos, fue otro factor importante.

Participamos de una marcha al Cementerio General un 11 de Septiembre. En esa ocasión Raúl se hizo una herida en un pié, fruto de la caminata. Porfiado como era, no quiso detenerse hasta que llegó cojeando al Memorial de los Detenidos Desaparecidos. Nunca logró recuperarse de esa, para otros, pequeña lesión. Durante meses lo acompañé diariamente a sus curaciones en el Consultorio Nº 1. A veces, debo reconocerlo, a regañadientes. No hubo cura y finalmente le cortaron un dedo del pié. Un ortejo, dicen finamente los médicos. Durante su hospitalización en el Hospital Salvador escribió una cueca larga sobre la lucha de los mapuches por sus derechos. Lamentablemente, no la pude encontrar entre sus papeles. Amistoso, como era, hizo buenas migas con muchos funcionarios de la Salud Pública, tan vilipendiada. La Señora Rita, su enfermera en el Consultorio a quién recordaba con especial cariño por su dedicación y profesionalismo. ¿Será por eso de que todos los enfermos se enamoran de las enfermeras?
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Murió con una sonrisa socarrona, como satisfecho de su vida. Con la misma simpleza que vivió. Déjenme contarles. El día que llegó a la Posta Central, desde donde no pudo salir con vida, habíamos almorzado juntos y estaba absolutamente normal. Fue por la tarde cuando recibí el llamado de su amigo Alfredo Parada, que había concurrido a visitarlo, el que me informó que Raúl no reconocía a nadie y que estaba hablando incoherencias. Ya en la casa de Copiapó, pensé que podía haberse tomado unos tragos, pero no era así. Llamé a la ambulancia y fuimos a la Posta.
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Luego de ser atendido, inyectado y oxigenado, recuperó la conciencia y pude pasar a verlo:
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― ¿Dónde estoy?, ¿quién me trajo?, ¿por qué me trajiste?
―Estabas difareando y no reconocías a nadie, le contesté.
―El que yo esté difareando es lo normal, no es ninguna novedad. Préstame tu celular, respondió.
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Trató de comunicarse no sé con quien, pero no lo logró. El médico de turno me dijo:
―Señor, su hermano tiene visita mañana en el cuarto piso.
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Me retiré contento porque ví que estaba lúcido. Ese fue el último atisbo de conciencia y de su humor lúdico. Nunca más nadie pudo cruzar una palabra con él.

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Santiago, 27 de mayo de 2008.

Nota: Leido en el homenaje que SOCHIF efectuó en memoria de Carlos Raúl Sepúlveda en Museo Nacional Benjamín Vicuña Mackenna.

martes, 3 de junio de 2008

RECORDATORIO PÓSTUMO.
Por Mery Coloane.
Presidenta del “Grupo Literario Encuentro”.
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A Carlos Raúl Sepúlveda: Amigo, escritor, poeta, animador cultural.
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Hoy rememoro su estadía como un gran ser humano, y como integrante del “Grupo Literario Encuentro”. Hablar de él es muy grato, y por cierto, aún sabiendo que no estás entre nosotros físicamente, pero si espiritualmente y a través de tu obra literaria, te recuerdo con tu voz lenta y señorial, cuando nos hablabas con grata sabiduría, amigo, siempre estarás en nuestro medio, entre tus pares con tu poesía y narrativa.
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Hoy quiero referirme en forma muy breve a tu obra literaria, especialmente al libro “La puerta negra”, donde como autor nos llevas a la dinámica y luego al misterio, con una temática algo controvertida, que no ha sido fácil para el autor, y desde esta cosmovisión, el hablante nos transporta a intrincadas vivencias, y que seguramente contristaron el alma sensible del escritor. Es probable que desde esta perspectiva haya plasmado la retórica del libro ya mencionado, y que hoy está conmigo formando parte de todos los libros de muchos escritores y, por cierto, el de un amigo muy recordado: Carlos Raúl Sepúlveda.
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Afectuosamente, Mery Coloane.
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Santiago 27 de mayo, otoño 2008.
Nota: Leído en el homenaje realizado a Carlos Raúl Sepúlveda por SOCHIF en Museo Nacional Benjamín Vicuña Mackenna.

martes, 6 de mayo de 2008

SONRISAS ESTELARES, DE TEOBALDO MERCADO.
Por Sergio Alejandro Amira.
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Recientemente leí Stranger Than Fiction: True Stories (2004) de Chuck Palahniuk traducido al español bajo el titulo Error humano. Este libro es una recopilación de reportajes, entrevistas y ensayos breves algo irregular que sin embargo contiene algunas valiosas reflexiones, sobretodo en lo que a los procesos de creación literaria se refiere.
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En el último ensayo titulado Consolation Prizes, Palahniuk habla de cómo sus amigos, las acciones emprendidas por sus amigos y por él mismo junto a ellos, se convirtieron en la base de su famoso libro Figth Club. Tenía esto en mente ayer durante el lanzamiento de Sonrisas estelares, el cuarto libro de Teobaldo Mercado, y lo tuve aún más una vez finalizada, la lectura de Otro día, la novela corta con la que remata esta singular colección. Y es que durante el lanzamiento varios de los asistentes, si bien reconocieron haber disfrutado y reído mucho con el libro, también preguntaron al autor si acaso creía que su narrativa tendría un efecto igual de hilarante en la gente "no iniciada", en aquellos de "fuera del fándom" que no lograsen reconocer cabalmente a los personajes y circunstancias retratadas desde varios flancos por la pluma mordaz de Mercado que, por cierto, no escatima en el uso de un amplio abanico de herramientas para provocar la risa del lector. Herramientas tales como el sarcasmo, la ironía, el absurdo, la cita bastardizada y los chistes de grueso calibre o derechamente groseros abundan y están diseminados con la factura que sólo un escritor en total dominio de sus capacidades narrativas podría lograr. En ese sentido, y descartando que el género paródico-humorístico sea el empleado en Sonrisas estelares, me atrevería a decir que este es uno de los más logrados libros de Teobaldo como conjunto. No una colección irregular sino como muy bien dijo uno de los asistentes, una obra que va in crescendo para terminar en un "gran orgasmo cuántico de risa".
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Sobre la risa, otro de los asistentes recordó las palabras que alguna vez le dijo el autor César Aira, quien desdeñó el humor en la literatura por considerarlo "facilista". Enfrentado por su interlocutor ante al ejemplo de El Quijote, a Aira no le quedó más que encogerse de hombros al comprobar que su argumento era insostenible. Y en este punto me gustaría citar a Carmen María Imbert: "Existen dos formas de ver la vida que se contradicen o se complementan, según el modo en que se aborde la cuestión. Uno diría: el humor es la reacción del superficial, del que no sabe tomarse la vida en serio, del que no es capaz de llegar a los profundos fundamentos que la conforman, del que se evade cobardemente de ella. El otro diría: el humor es la atmósfera indispensable para que se den las virtudes, el signo inequívoco de madurez, la forma más realista de enfrentarse a la vida. Ambos tienen razón."
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El humor es por lo tanto, ambivalente, lo que le da risa a algunos no le da risa a otros, pero existe una actitud que subyace y permanece: el sentido del humor. La profesora Mary Ángeles Martínez del Pozo en su investigación sobre El sentido del humor en la pedagogía de Tomás Morales nos dice que el buen humor o sentido del humor se define como la facultad de captar y manifestar lo cómico y lo discretamente ridículo siendo el sano humorismo "...el género de ironía en el que predomina el buen humor". Se desvanece de esta forma el concepto superficial del humor, reconociendo que se trata de una capacidad de captación, de una sensibilidad ante la realidad de forma objetiva. En una entrevista realizada con motivo del lanzamiento en DVD de Figth Club, se le pregunta a Palahniuk sobre qué sintió al ver su obra llevada a la pantalla grande. Chuck contesta que fue una experiencia aterradora ya que la película era una interpretación de las cosas que él y sus amigos hacían durante la época que escribió el libro. "Ver la película es como ver una adaptación a la pantalla de mi vida y contemplar, si bien no a mí mismo, sí a mis amigos diciendo las mismas cosas que dijeron tiempo atrás. El párrafo 'We are the all singing, all dancing, crap of the world', fue algo que dijo mi amigo Carston que estaba recién aprendiendo a hablar en inglés así que todo el tiempo usaba frases clichés como 'all singing and all dancing'". Tras esta revelación le preguntan a Palahniuk cuanto de lo que está en la película está basado en hechos reales. El escritor contesta: "todo menos los clubes de la pelea", que por cierto comenzaron a expandirse como un foco infeccioso tras la película.
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¿Por que hago este paralelo entre Teobaldo y un autor que él probablemente jamás ha leído ni le interese? Pues porque veo que operan en un mismo nivel. El Club de la Pelea es una obra muy divertida, muy humorística y por cierto, muy develadora de los grandes defectos de la sociedad de consumo, la domesticación del ser humano, la violencia, etc., de la misma forma que lo es Sonrisas estelares y en especial Otro día. El mismo Teobaldo por lo demás confesó haber tomado "prestadas" (al igual que Palahniuk) frases, nombres, conceptos y diálogos enteros de sus amigos para varios de los cuentos de su cuarto libro. Pero yo me pregunto ¿qué escritor no lo hace? La nada solo puede engendrar nada. Al principio no fue la nada, fue el caos. La nada no existe y todos quienes escribimos aunque sea la ciencia ficción más delirante o el surrealismo más incomprensible, siempre estamos anclados en la realidad.
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Pero regresemos al punto de la "decodificación" por parte del lector de Otro día. ¿Es posible para alguien que no conozca a la gente que Teobaldo tomó como modelos para sus personajes disfrutar de la lectura de esta obra? Formulemos la misma pregunta aplicada a Figth Club, usted que fue al cine a ver a Brad Pitt y Edward Norton, o que leyó la novela, ¿necesitó conocer a gente como Carston, el amigo de Palahniuk que hablaba en clichés para disfrutar de la obra en el nivel que sea? Le respuesta es no. No lo necesita y estoy seguro que cualquier persona que no sea un completo imbécil se reirá tanto como yo con este libro y, especialmente, con Otro día sin tener que estar al tanto que yo soy el template del capitán de la Orgasmo Cuántico.
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En ese sentido todos los cameos y guiños que articula Teobaldo no son más que un plus, que ciertamente divertirán más a quienes sepan descifrarlos, pero que no le restan ni una pizca de interés a la aventura misma que es el relato dónde se reúnen todos los tópicos de la cf en una breve cantidad de páginas: las sociedades utópicas, los minerales inexistentes como la caborita, las federaciones de razas alienígenas, las naves generacionales, los agujeros de gusano como pórticos, el viaje en el tiempo y a otras realidades, las grandes y épicas batallas tanto en el espacio como en tierra, la ingeniería genética, la avanzada tecnología de una misteriosa raza... y no olvidemos la tortura psico-pornoplástica y la invención del Cyberchantanismo.
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Es increíble la cantidad de temas que Teobaldo ha logrado combinar sin nunca perder el ritmo trepidante y la distancia requerida para no engolosinarse con la parodia y ser coherente con la trama misma que además pose suficientes vueltas de tuerca como para no decaer en ningún momento sin ser tramposa. Los autores que inspiraron a los personajes de Otro día operan como arquetipos, todos los seres humanos hasta cierto nivel reduccionista lo somos. Karl von Amira es un capitán eficiente pero algo malas pulgas que si bien está deslumbrado con los pechos de la bella Duhlzura, pareciera sufrir cierta tensión sexual con la extraña alienígena telépata de abordo. Aquí Teobaldo nos propone dos modelos femeninos, Duhlzura por un lado que es literalmente un caramelo cuya única finalidad es ser apeteciblemente sexy; y Sohl Heddad, la inescrutable alienígena de pelaje gris y rostro serio ante cuya mirada Von Amira se siente empequeñecer debido a la intensidad de sus vigilantes ojos...
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El lector no necesita saber quien inspiró a quién en Otro día más que como mera curiosidad o faranduléo. Todo lo que tiene que hacer, es dejarse llevar por el polisemántico humor de Sonrisas estelares, un viaje que no lamentará.
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Nota 1: Texto de S. Amirá encontrado en.
Nota 2: Fotografía de S. Amirá encontrada en.

sábado, 3 de mayo de 2008

FRAGMENTOS DEL INFINITO.
Por Pily B.
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Aún recuerdo qué pensé cuando tuve su primera recopilación en mi poder; creí que era algo así como un capricho y que rápidamente olvidaría el asunto de autopublicarse, o por el contrario, terminaría siendo publicado entre otros muchos autores en distintas publicaciones de papel (o electrónicas), y ahí terminaría el asunto. Porque, eso que conste, aun sin leer su primera publicación, ya sabía que era buena. Puede que mejor o puede que peor que muchas otras, sí, pero entretenida, trabajada, imaginativa; dije buena. Con futuro.
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No obstante, y dejando a un lado el resto de su currículum literario, me confundí y no sabéis cuánto me alegro. Teobaldo Mercado ha seguido ahí; perseverando, y dándole pequeñas pinceladas al universo de la ciencia ficción con esa visión suya tan particular (aunque a veces también tan manida, pero siempre con ese toque tan… Teobaldo); propinándole constantes brochezazos de color y matices al futuro inventado, a su futuro, unas veces imaginado y otras veces no tanto. Un futuro casi siempre aterrador, la mayoría de las veces caótico, sin lugar a dudas humano (aun cuando, del mismo modo, no siempre sean humanos aquellos que habitan estos terribles universos suyos).
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Sí (y bien por él), ahí ha seguido entregándonos pequeños bocados de irrealidad; tímidos todos ellos, pero constantes y contundentes, como deben ser.
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En “Fragmentos del infinito”, su última recopilación literaria, aparece su más reciente selección de ideas y sueños; sus invenciones más variopintas, rodeadas todas ellas de ese hálito de tristeza, desesperanza y de nuevo humanidad. Esos ingredientes nunca faltan; no fallan. Y gustan. Y enganchan.
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En “El recuerdo”, el primer cuento en darnos la bienvenida, Teobaldo lo hace de manera breve y curiosa; la protagonista de su historia regresa de su último viaje a las estrellas, y descubre, ya en su hogar, cómo ha pasado el tiempo y qué es lo que le ha arrebatado éste; su familia, su vida. Sí, sé que así contado suena breve y poco llamativo, pero yo que vosotros no subestimaría nunca una sinopsis minúscula y poco reveladora.
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Por el rabillo del ojo” es la segunda en llegarnos. Y sé que ahora es cuando debería hacer otro breve resumen diciendo de qué trata, y bla, bla, bla, pero, perdonadme, no lo haré. Será que hoy tengo el día rebelde. Será que me he vuelto práctica. Será que prefiero que en vez de pensar si llevaré razón o no, leáis vosotros mismos y juzguéis pinchando aquí , dado que fue publicada recientemente en esta misma web.
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Principito” es la única historia de fantasía de este tercer volumen. En ella, Teo nos acerca a la imprevista, desagradable, y agobiante vivencia de una anciana; haciéndonos ver cómo podría ser posible que algo o alguien cuidase de nosotros en el peor momento, guiándonos en la oscuridad, dándonos una nueva oportunidad de seguir adelante, respirando, y dándole gracias a la vida.
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En cuanto a “Tocando el suelo”, me ha sorprendido, además de por su extensión, también porque, a pesar de la vorágine y oscuridad que reina en la Tierra, existe un hueco para la esperanza y el optimismo, aunque en muy contadas ocasiones, eso también es cierto. En este relato extenso, la Tierra está bastante mal herida y la causa de ello es la de casi siempre; el descuido de unos pocos humanos. Alguien ha utilizado un arma biológica, los árboles de la muerte, y la situación se termina saliendo de madre: La tripulación de un navío (un dirigible), dispuesta a cumplir su cometido (la reubicación de esas personas que salieron mal paradas por “el descuido”), tiene un repentino accidente y se ve obligada a aterrizar forzosamente. El precario orden se ve alterado por un inesperado caos, y a sí, sin más, tenemos a toda una dotación naviera desperdigada en una Tierra inhóspita; cubierta por una nube tóxica que obliga al traslado constante en vehículos aéreos. “Tocando el suelo” es una gran aventura en sí, con pequeños toques de la serie televisiva Perdidos (la situación lo da), en la que también hay conflictos bélicos, mutaciones, y más.
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¡Desembarco!” también es una narración extensa. En ella, como en la anterior, y en muchas de las que ya existen y existirán en los universos de Teobaldo Mercado, se desarrolla un conflicto intergaláctico. Varios universos paralelos luchan entre sí por la supremacía y otras “cositas”. El conflicto, requiere de hombres y mujeres anónimos, algunos de ellos modificados físicamente para la lucha. Pero esto es solo el comienzo. El resto, a veces en grandes dosis, a veces en pequeñas, vuelve a ser una vorágine de hazañas, sufrimiento, muerte, destrucción, supervivencia en algunas ocasiones, y mundos interiores…
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Pensamientos en la punta del cerro” es un pequeño escrito que no pertenece a un mundo fantástico. Tampoco lo hace a un mundo de ciencia ficción. “Pensamientos en la punta del cerro” pertenece al mundo interior de este escritor de fantasía, en una tarde/anochecer cualquiera. Reflexiones en lo alto de algún lugar, lejos de la ciudad, de la rutina, y de la vulgaridad. Pensamientos a cerca de lo que hace; la esperanza de posibles futuras ideas como lo es este “Fragmentos del infinito”, dedicado además, con el corazón, a su fallecido amigo y también escritor, Carlos Raúl Sepúlveda.
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Y eso es todo, amigos. Aquellos que baséis vuestra dieta literaria en ciencia ficción y fantasía, deberíais probar un bocado como este. Tal vez os sorprenda comprobar lo rápido que uno se engancha a su sabor; y lo digestivo y nutritivo que es para el intelecto.
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Nota: Texto e imagen de Pily B. encontrados en.

domingo, 11 de noviembre de 2007

"CONTACT", de Brigitte Bardot
(Serge Gainsbourg, 1967)
Por Papurri
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Para el querido Club de Toby de la SOCHIF esta sugerente canción de la década 60, donde se recoge gran parte de la estética que entonces se cultivaba en la CF europea. Buena interpretación de la preciosa Brigitte Bardot, vistiendo futuristas trajes de Pierre Cardin, en una especie de encarnación iridiscente de Barbarella. El tema pertenece al gran poeta, escritor, músico de jazz, compositor, actor y cantante Serge Gainsbourg.

Une météorite m'a transpercé le coeur
Vous, sur la terre, vous avez des docteurs
Contact, contact

Il me faut une transfusion de mercure
J'en ai tant perdu par cette blessure
Contact, contact

Ôtez-moi ma combinaison spatiale
Retirez-moi cette poussière sidérale
Contact, contact

Comprenez-moi il me faut à tout prix
Rejoindre mon amour dans la galaxie
Contact, contact...

TRADUCCIÓN LIBRE:

Un meteorito me ha atravesado el corazón
Ustedes, sobre la Tierra, tienen algunos médicos
Contacto, contacto

Necesito una transfusión de mercurio
He perdido mucho por esta herida
Contacto, contacto

Quítame mi traje espacial
Sacúdeme esta pelusa [mota, limadura] sideral
Contacto, contacto

Ello exige un gran precio
Encontrar mi amor en la galaxia
Contact, contacto...
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Santiago, 9 de noviembre de 2007
PS.- Se agradece la ayuda de Marcelo Velasco para haber podido incorporar correctamente este video.

miércoles, 17 de octubre de 2007

ALLA NUOVA LUNA (1958),
DE SALVATORE QUASIMODO

In principio Dios creò il cielo
e la terra, poi nel suo giorno
esatto mise i luminari in cielo
e al settino giorno si riposò.

Dopo miliardi di anni l’uomo,
fatto a sua immagine e somiglianza,
senza mai riposare, con la sua
intelligenza laica,
senza timore, nel cielo sereno
d’una notte d’ottobre,
mise altri luminari uguali
a quelli che giravano
dalla creazione del mondo. Amén


A la nueva Luna

En el principio Dios creó el cielo
y la tierra, luego en su día
preciso puso las luminarias en el cielo
y al séptimo día descansó.

Después de miles de años el hombre,
hecho a su imagen y semejanza,
sin reposar jamás, con su
inteligencia laica,
sin temor, en el cielo sereno
de una noche de octubre
puso otras luminarias iguales
a aquellas que giraban
desde la creación del mundo. Amén.
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Traducción de Héctor Miguel Ángeli
Fuente: “Obra completa”,
Buenos Aires, Editorial Sur, 1959.

Santiago, 15 de octubre de 2007.