martes, 26 de agosto de 2008

NOTICIA QUE NO QUISIERA DAR.
Por Luis Alberto Méndez Quezada.
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Ayer lunes 25 de agosto hubo un muy grave accidente aéreo en la localidad de Sarmiento, Curicó, a consecuencia del cual fallecieron los tres tripulantes de una avioneta. Esta era pilotada por Nelson Leiva Cepeda, hermano mayor de nuestro común y muy estimado amigo Rodrigo Leiva. La familia de Rodrigo, como es lógico suponer, está muy afectada, especialmente su madre y hermana. Debemos apoyar a nuestro amigo en este muy difícil trance, en la mayor medida que cada cual pueda hacerlo.
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Aún no hay nada concreto en cuanto a funerales, por las implicancias legales de este tan lamentable accidente. No creo cometer infidencia si les doy el celular de Rodrigo: el antiguo es el 09-3079529, y el nuevo 09-6259651.
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Tres personas fallecidas fue el saldo que dejó un accidente aéreo ocurrido en la Región del Maule, donde una avioneta se precipitó a tierra a unos siete kilómetros al norte de Curicó. Entre los fallecidos se encuentra el piloto Nelson Leiva Zepeda (53). Según los informes preliminares, la nave salió desde el aeródromo de Tobalaba en Santiago, con destino a San Javier y capotó cuando retornaba a la Región Metropolitana. Se estableció que murieron los tres tripulantes, no obstante, aún no está claro si fallecieron debido al impacto o producto de las llamas, ya que la avioneta se incendió luego de estrellarse. Se trataba de una aeronave Beechcraft modelo BE-55 y con capacidad para 6 personas. Medios locales informaron que la avioneta cayó sobre una casa deshabitada, ubicada en el fundo Juan Moura, cerca de Curicó. Ahora, será la Fiscalía de Aviación la encargada de establecer cuáles fueron los motivos del accidente.
Noticia ubicada en:
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Santiago, 26 de agosto de 2008.

viernes, 22 de agosto de 2008

HÉCTOR OESTERHELD:
CREADOR DE “EL ETERNAUTA".
Por Máximo Carvajal Belmar.
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―In memóriam: En el segundo aniversario de la partida de Max―
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Lo conocí alrededor del año 1966 en una comida que se le ofreció en El Germania, donde asistía en pleno el Departamento de Historietas de Zig-Zag. El hombre que dio vida a El Eternauta era un señor bajito, de pelo que comenzaba a blanquear en las sienes. Muy amable, atento, sabía escuchar y hablaba lentamente. Su voz era hipnótica y una vez que comenzaba el relato ya no se escuchaba a nadie más. Todos seguían, casi sin respirar, la historia del maestro.
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Recuerdo que conversamos sobre un guión. Yo en esa época estaba fascinado por las historietas de guerra y de ciencia ficción. Nosotros ya habíamos comenzado la saga de Rocket, y las historietas argentinas: Hora Cero, Frontera y El Eternauta, nos impactaban profundamente. Yo sólo quería dibujar un guión del argumentista más grande del mundo. Héctor Oesterheld fue el primero de los gigantes del cómic que he conocido y quizás quien más me ha impresionado.
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Había leído en Hora Cero quincenal un relato suyo, dibujado por Solano López, sobre las misiones en Alemania de una fortaleza volante B-17 en la Segunda Guerra Mundial. “La amapola negra”, así se llamaba la historieta, fue un boom en la época, y me produjo tal impacto que lo único que quería hacer era historietas de guerra, y preferentemente de combates en el aire. Recuerdo que le pedí un guión sobre ese tema. Insistí que fuera sobre una fortaleza volante. Se rió, pero muy atento accedió. Incluso anotó algo en una libretita. Me hizo un chiste: “¿Sobre qué personaje en especial quería el guión? ¿El piloto, el artillero de cola, el navegante o el bombardero?”
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Reímos. Luego se puso serio y dijo: “Ustedes tienen un país lindo, ojalá que nunca se les suban los milicos arriba.” Fueron palabras proféticas, más tarde lo comprenderíamos amargamente.
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Había venido a Chile a vender material argentino de historietas. Su empresa ―Editorial Frontera― estaba quebrada. Llegó a Zig-Zag, cuando quedaba en calle Lord Cochrane, buscando nuevos derroteros en el esquivo negocio del cómic. Nunca pasó nada. Además, la gente que manejaba aquí las empresas editoriales tuvo siempre una visión bastante chata en relación al negocio. No había expertos en historietas, y aún no los hay. Pensemos que cuando Oesterheld vino a Chile a ofrecer sus servicios estaba trayendo el negocio del siglo. En Chile la venta del cómic pasaba por su mejor momento...
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Comenzó a escribir en unas publicaciones para niños llamadas Gatito (“El libro grande de los chicos chicos”), que tuvieron gran éxito en Argentina. Estaba publicada por Editorial Abril, que también sacaba la revista Misterix, donde posteriormente se le ofreció trabajo. Ongaro ―el guionista italiano de dicha editorial― estaba cansado y quería volver a su patria. Oesterheld acepta el encargo y crea para esa revista el personaje Bull Rocket, un científico con el cerebro de Einstein, los puños de Mohamed Ali y el rostro de un Burt Lancaster joven. Bull Rocket salía en capítulos continuados dibujados por el italiano Campani.
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Después de eso crea al Sargento Kirk, dibujado también por el tano Hugo Pratt. Con este personaje propone a la Editorial Abril una nueva política en la gráfica de los cómics: Hacer historietas de guerra. Era el año 52, estábamos en plena posguerra, el problema de los años 39-45 estaba fresco en la memoria de todos y se sabía muy poco acerca del mismo.
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La editorial se negó a apoyarlo. Se va y forma su propia empresa, Frontera, donde edita una revista con ese nombre (mensual y quincenal), y después Hora Cero (mensual, semanal y quincenal). También saca El Eternauta, como revista mensual; Ernie Pike, colección de batallas inolvidables, etc. Y todo eso con el equipo más increíble de dibujantes, que sólo se podía encontrar en Argentina: Pratt, Breccia, Roumé, el chileno Arturo del Castillo ―hermano de nuestro "Viejo" Jorge Pérez Castillo―, Solano López, Schiaffino, Haupt, Moliterni, Arancio, Durañona...
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¿Quién cuando adolescente no leyó a Sargento Kirk, El Eternauta, Randall the Killer, Mort Cinder, Sherlock Time, Ernie Pike? ¿Quién no leyó “La amapola negra” o “Los enterradores”, sin emocionarse hasta las lágrimas?
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Toda esa pléyade de dibujantes dirigidos por el genio de Oesterheld cambió el cómic de raíz, alterando los viejos moldes de lo que era la historieta tradicional hasta ese momento, cambiando el concepto maniqueísta de la trama. Él decía: “La historieta es mala cuando se la hace mal. Negarla en conjunto, condenarla en globo, es tan irracional como negar el cine en conjunto porque hay películas malas, o condenar la literatura porque hay libros malos. Hay en proporción muy elevada, desgraciadamente, muchas historietas malas. Pero ellas no invalidan a las historietas buenas. Al contrario, por comparación, sirven para exaltarlas aún más.” También decía: “En la guerra no hay buenos ni malos. El único villano es la guerra misma.”
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Hay una anécdota de Ernie Pike que vale la pena recordar. Cuando creó al famoso corresponsal de guerra se lo pasó a su amigo Hugo Pratt, para que le diera las características físicas al personaje. Le dijo, riéndose: “Hazlo noble, recto, humano. Así como yo.” Entonces Pratt lo dibujó haciendo un retrato caricaturizado del propio Oesterheld. Por eso se produce esa dualidad tan característica entre el personaje ficticio y el personaje real.
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El nombre Ernie Pike también es sacado de la vida real. En efecto, existió un corresponsal llamado Ernie Pile, que murió al final de la contienda, del cual supo nuestro argumentista por ser un lector infatigable. Oesterheld tenía una biblioteca fantástica, donde había datos de todas las contiendas bélicas: Primera Guerra, Segunda Guerra, la Guerra de Secesión, la historia del oeste norteamericano, uniformes, etc. Era un ejemplo para el que intentara el difícil arte de escribir guiones.
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En su temática, el escritor no desdeñaba la realidad. Impactado como todos nosotros por el fenómeno de la Revolución en Cuba, y la extraordinaria carga de esperanzas que aportó en su época al imaginario de América Latina, emprende la tarea de escribir la biografía de su famoso compatriota, Ernesto Ché Guevara. Ahora el tema, su tema, era un ser vivo, histórico, de carne y hueso. ¿Cómo enfrentaría nuestro artista este nuevo desafío?
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El resultado fue un libro de cómic único, que ahora sólo se encuentra en manos de coleccionistas, una publicación de culto. ¿Por qué? Porque cuenta con un prólogo del no menos famoso Ernesto Sábato, y el pincel de otra leyenda del cómic, Alberto Breccia. Editado en Argentina en 1968, no alcanzó una segunda edición. El golpe militar de marzo de 1976 reprime y castiga duramente al pueblo, a los medios de comunicación, al arte y la cultura, y, desde luego, a la historieta.
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Héctor Oesterheld, el más brillante guionista del cómic de aventuras, fue una víctima más de la guerra sucia en Argentina, en la cual habían ya perecido asesinadas sus tres hijas. En similares circunstancias él desaparece en el año 77, siguiendo su destino trágico. Un sobreviviente, que compartió celda con él, relata el que fue su último día: “Casi todos se dieron cuenta que esos momentos eran los últimos. Se notaba en el aire, en la atmósfera. Oesterheld se acercó a cada prisionero, dándoles la mano, uno por uno. Era la despedida.”
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Quizás ese último gesto marca de manera imborrable el espíritu de un gran hombre, un contador de historias inolvidable, un demócrata, un libertario. Su cuerpo fue lanzado probablemente a la selva. Sus cobardes asesinos nunca dieron la cara. Una situación muy conocida por nosotros. Sus restos nunca han sido encontrados.
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Alberto Breccia, impactado por el asesinato de su amigo, esconde los originales de “El Ché” en una caja y los entierra. La lluvia y el tiempo hacen su tarea, deteriorándolos casi por completo. Ya en democracia, se recurre a un único ejemplar de la primera versión, conservado por casualidad, el cual, retocado, sirve como matriz para la segunda edición de aquel maravilloso libro. En 1980, en Lucca, Italia, se hizo un reconocimiento a su labor. Ahí estuvieron Pratt, Moebius y Víctor de la Fuente, entre otros. Amnesty International recibe el premio póstumo dedicado a Oesterheld ante un auditorio emocionado.
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Ahora, a medida que nos alejamos de esos acontecimientos, el tiempo tiende un injusto manto de olvido sobre ellos. Pero reflexiono: ¿Es justo que a un Víctor Jara lo asesinen por cantar, que a García Lorca lo fusilen por hacer poesía, y que a un Oesterheld por escribir bellas historietas?
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Pregúnteselo, amigo lector.
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Artículo publicado en Revista Quantor, Año 2, Nº 4.
Santiago, Ediciones de La Golondrina, 2002.
Retrato de Oesterheld realizado por Máximo Carvajal; dibujos restantes pertenecen a Héctor Oesterheld.

miércoles, 20 de agosto de 2008

PÉREZ CASTILLO, EL ÚLTIMO IMPOSIBLE.
Por Máximo Carvajal Belmar.
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―In memóriam: En el segundo aniversario de la partida de Max―
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Un curioso atelier.
En la calle San Diego, a dos o tres cuadras de la Alameda, se encuentra el tradicional Teatro “Carlos Cariola”. Allí, en su último piso, vivió un artista iluminado a quién sus compatriotas y la posteridad aún no hacen justicia. Hablo de mi amigo Jorge Pérez Castillo, ilustrador de “Mampato”, dibujante de historietas, filósofo y soñador. Jorge era hijo de un ilustre actor del cine mudo, Jorge Pérez Berrocal, y hermano del famoso Arturo del Castillo.
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Desde el año 70 hasta 1984 el “ViejoPérez vivió en un pequeño altillo, de dos por tres y medio metros más o menos, que carecía de ventanas y estaba al fondo de un oscuro pasillo. El cuarto poseía por mobiliario dos sillones desvencijados, un pequeño escritorio, una lámpara y una biblioteca abarrotada de revistas, libros, diarios y un centenar de cachureos de la más diversa índole. Sus escasas ropas estaban ordenadas en un armario improvisado. En ese lugar vivió, amó, durmió y trabajó Jorge por más de catorce años. Cuando uno entraba en aquel Sancta Sanctórum, un olor a encierro, tabaco, sudor, calcetines sin lavar, le daba en las narices, pero a los cinco o seis minutos ya había pasado a ser parte del ecosistema y no era posible escapar, estaba atrapado en las redes de la conversación del “ViejoPérez.
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Al atardecer, como en Danza de Vampiros, aparecían las amigas de Jorge, como una corte de sacerdotisas de Lesbos. Las bellas cumplían una misión; eran como el telón de fondo, la decoración del videoclip en que él era el protagonista y anfitrión. Las chicas eran por lo general vedettes sin trabajo, almas sin rumbo que aparecían como fantasmas entre el humo del cigarrillo: la “Chica de los Ojos Tapatíos”, ya olvidé su nombre; Esmeralda, quien le daba el toque ambiguo a las sesiones; Marisol, la niña-mujer promiscua y con una vida marcada, y tantas otras: Yodalis, Mari, Pili, etc. No eran precisamente intelectuales, pero si bellas y dulces, contribuyendo a otorgar al ambiente un particular calor humano.
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Jorge Pérez Castillo es sin duda uno de los dibujantes míticos de la historia del cómic, tanto en Chile como en Argentina. En 1943 Jorge parte a Buenos Aires en viaje de bodas y se afinca en el país trasandino. Raúl Montarola, famoso ya por sus portadas del “Para Ti”, es su introductor en el medio gráfico. Pérez ingresa a la planta del Patoruzito, revista de culto en el mundo argentino. Allí dibuja “La conjuración de Venecia”, obra que le consolida como un maestro. Su estilo ha cambiado por esos años: de clásico a una impecable soltura y simplicidad en el trazo. Sin duda, un precursor de Pratt, que continúa su carrera en la Editorial La Columba.
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El “ViejoPérez es uno de los pocos dibujantes chilenos que figuran en la “Historia del Cómic”, de Jacques Toutain. También aparece en un maravilloso libro argentino, “El temperamento artístico a través de 150 artistas famosos”, donde figuran asimismo Harold Foster y Álex Raymond. En Chile el artista es más conocido por su trabajo de ilustrador de Mampato donde grafica novelas de los escritores Alejandro Dumas y Julio Verne, y obras como “El lazarillo de Tormes”, “El mundo perdido” y muchas otras. En 1984 incursiona también con una tira sobre los mapuches en el diario La Segunda.
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El juicio a la mosca.
Una vez que pasé a visitarle me lo encontré contemplando el techo en su pose favorita; una mano en la barbilla y la otra sujetando el codo del brazo a la primera.
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―Una maldita mosca me ha jodido toda la tarde―, expresó. ―Estaba a punto de matarla cuando me pregunté: ¿Con qué derecho me autorizo a eliminarla?
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Lo que parecía una tontería se transformó en una brillante charla sobre el derecho a la vida, de todas las vidas, aún de la criatura más insignificante. Desde luego, tales reflexiones no provenían de una postura religiosa que ninguno de los dos compartía. Así, nos paseamos por el Derecho Romano, el juicio a Sócrates, y hasta el de Dreyfus. No recuerdo haber analizado jamás un tema tan a fondo de tal interés y brillo y todo, por una mísera mosca.
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Una víbora en el sillón.
Pérez dormía sobre dos sillones, uno puesto frente al otro. Al medio colocaba sobre el suelo, en el pequeño hueco restante, un anafe eléctrico, alimentado por un cable pelado que emergía de la muralla.
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Solía contar que una noche que se acostó, como siempre, alrededor de las dos o tres de la mañana, y sin poder dormir, se dio cuenta de pronto que desde el respaldo del viejo sillón, por una rotura de su tapiz, había emergido una pequeña serpiente, la que comenzó a mecerse como si siguiera la música de una flauta invisible. Aterrado, dudando de su cordura, Jorge, mientras se tapaba el rostro con la frazada, observó por más de una hora las evoluciones de la serpiente. A veces le parecía un flaquísimo dedo espectral que le llamaba, en otras un venenoso reptil trazando lentos e hipnóticos aros concéntricos. Él temía moverse y hasta respirar. Sólo al alba vino a darse cuenta que la tal serpiente era la cola de una rata que vivía como su inquilina en el relleno del viejo sofá.
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Una boda campesina en África.
Poco antes de regresar a Argentina Jorge había comenzado a pintar con muchas ganas. Trataba de reproducir las figuras fantásticas (hombres, castillos, animales...) que se vislumbraban en los muros de su cuarto en penumbras. Una tarde al llegar a su cubil me narró una curiosa historia.
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Al fondo de un pasillo oscuro, frente a su pieza, había un baño algo sucio, de murallas descascaradas por la humedad. La noche anterior entró al excusado, y al sentarse vio la mancha en la muralla. En su centro se estaba celebrando una boda africana. Mientras Jorge observaba con asombro, uno de los hechiceros lo vio y le invitó a unirse a la festividad. “Entonces entramos en un claro, en medio del poblado”, continuó el “Viejo”.
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Los guerreros de ébano blandían sus lanzas, danzando locamente. El novio, ataviado con sus bárbaras galas, hinchaba orgulloso su pecho. Desde su sitial el jefe de la tribu presidía dignamente, sonriendo bajo un amasijo de adornos de hueso y conchas marinas. El hechicero, mi anfitrión, hacía sus pases mágicos bailando en torno a la pareja de desposados, mientras agitaba un pequeño caldero que pendía de una cadena y en el cual ardían resinas y hojas perfumadas.
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La novia era una muchacha espectacular, y no podía ser de otro modo puesto que Jorge siempre estaba rodeado de bellas mujeres, incluso en sus alucinaciones. Me describió con precisión su boca, sus pechos, su manera de andar. Al final, quedé yo también con la impresión de haber asistido a la boda después de ver los dibujos que Pérez hizo para conmemorar el evento.
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Pagodas en la calle San Diego.
La revista Mampato había cerrado sus puertas, había muy poco trabajo en Chile y ninguna clase de seguridad o posibilidad de desarrollo bajo el “gobierno” de Pinochet. Jorge comenzó a madurar la idea de regresar a la Argentina. Antes de irse inició la construcción de una nueva biblioteca. Utilizaba como materia prima las cajas que los comerciantes ambulantes dejaban botadas en la calle. Las toscas construcciones se afinaban hacía el techo como templetes orientales, como pagodas en inverosímil equilibrio, generando extrañas perspectivas y asociaciones de ideas.
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En los muros Jorge había iniciado una espectacular red caminera edificada con cajas de fósforos, la que atravesaba de lado a lado la habitación. En el interior de aquellas cajas había diversos mensajes para sus amadas, las sacerdotisas de Lesbos. Una consigna campeaba perentoriamente en el sector central de la muralla: “¡Cuándo pueda me muero!”, de Joaquín Murieta.
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Un día Jorge ya no estaba. Su última joven compañera, con la cual concibió una hija, estaba barriendo la pieza vacía. En el suelo yacían cientos de sus dibujos. “Por favor, llévatelos”, me pidió. Yo recogí hasta el más humilde boceto. Nunca he creído que me pertenezcan. Son el patrimonio de éste, mi país querido, que siempre ha sido padrastro de sus talentos, y madre amorosa de la mediocridad.
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El “ViejoPérez se ha marchado en el mismo año que Igor y Hugo Pratt. Quizá llegó finalmente a ese lugar que él llamaba el “co-mundo”, la dimensión paralela a la que sólo se accedía atravesando las murallas del corazón. Tal vez Igor simultáneamente se ha internado en el mundo del Medioevo en busca de caballeros, duendecillos y hadas, mientras que el “TanoPratt navegaba en un prao con el Corto, rumbo a la Polinesia.
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De pronto desearía que los visionarios vivieran para siempre, que Jorge aún estuviera entre nosotros. Pero tarde o temprano el telón inexorablemente del Cariola baja al final. Las luces del escenario se han apagado y es hora de ir a casa. El soñador ha partido.

Santiago, Julio de 1998.
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(Leído y comentado en una reunión de SOCHIF de la época. Imágenes corresponden a dibujos de Jorge Pérez Castillo recopilados por Máximo Carvajal.)

jueves, 7 de agosto de 2008

ACERCA DE "GATTACA" (1997).
Por Juan Manuel Silva Henríquez.
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La película esta ambientada en un futuro próximo, en que se puede crear a un hijo a voluntad decidiendo como será. Se trata de condicionar hasta su personalidad, intentando no dejar nada al azar, son los llamados “VALID” (válidos), que son las personas creadas directamente por la genética, y de esa manera eliminar de todo error posible de su estructura.
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En la película queda establecido que el ADN es la MARCA. Basta con un pelo, la saliva, unas gotas de sangre, una simple célula de tu cuerpo, y ya se sabe cómo eres, quién eres y qué puedes llegar a ser. Así resulta creado un nuevo status social: la gente con ADN perfecto tiene acceso a los puestos de trabajo y un ascenso en la sociedad.
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Quienes no fueron así fabricados ―los nacidos por la fe o por el método tradicional― son marginados, aunque en teoría existan leyes para no marginarles que exijan se les trate como a otro cualquiera, pero eso no lo cumple nadie.
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En esta sociedad, el protagonista ―Vincent―, un hombre normal y nacido del modo tradicional, en el mismo instante después de su concepción, al quitarle una gota de su sangre le pronostican una posible muerte prematura a la edad de 30 años y también problemas cardíacos. Entonces se convierte en NO VALID.
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Un dia Víncent le gana a su hermano ―Antón―, el cual era un “VALID”, una apuesta de natación. En ese momento Vincent se da cuenta de que puede lograr más cosas de las que le habían pronosticando y tenia muchas posibilidades en esa sociedad. Pero cuando emprende una búsqueda de trabajo, al tomarle muestras de sangre no era aceptado, y solo, se le daban trabajos de limpieza.
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Para combatir con éxito contra su supuesto destino se ve forzado a usar la identidad de otra persona que tiene el ADN que el mundo quiere. Esto lo consigue mediante ímplantes de piernas, cortes de pelo, lentes de contacto, etc. Vincent se transforma en Jerome, y de esta manera consigue el trabajo en Gattaca, haciéndose pasar por un “VALID”, sin que nadie lo descubra. En Gattaca llega a ser astronauta, cosa imposible teóricamente para él, que tiene un 99% de probabilidades de fallo cardíaco a los 30 años.
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Mientras Vincent está en Gattaca, es asesinada la persona a cargo de la institución. A Vincente se le cae una pestaña, la que es encontrada por los investigadores. Rápidamente lo culpan de asesinato, al descubrir tras el análisis de lo encontrado que él era un NO VALID.
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Para su fortuna, luego de muchas investigaciones, aparece el asesino verdadero, que era nada menos que el mismo director de Gattaca, quien en la película afirmaba no tener “un hueso de víolencia en su cuerpo”. Se puede concluir, pues, que tampoco él cumplió con su aparente destino, ya que terrninó siendo un asesino.
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Antón, el hermano de Vincent, es el subdirector de Gattaca, y luego de una discusión entre ambos en el cual el tema es quién realmente debería estar ahí, se enfrentan nuevamente en su antiguo juego, donde una vez más gana Víncent. Es así como Víncent logra ir al espacio, cumpliendo finalmente con su objetivo. Aunque queda la duda del por qué el hombre de los análisis, quien siempre supo que él era un NO VALID, nunca lo denunció, sino que siempre lo dejó seguir.
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Haciendo un análisis en profundidad, se puede decir que la tesis inicial de esta obra era la siguiente: “El destino del hombre está marcado desde su nacimiento”. Sucede lo contrario a esta hipótesis que las personas no pueden cambiar: Víncent si pudo cambiar. Se describe una sociedad en donde solo se considera una cosa: las muestras, y los números que allí aparecen. Y en la película se muestra muy bien las diferencias. Como Jerome muestra poco espíritu en su vida, siendo él un perfecto VALID, y siendo Vincent un perfecto NO VALID, en cambio si demuestra espíritu para mejorar.
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Es por eso que de toda la película se podría resumir en la siguiente frase: “No hay gen para el espíritu humano”.
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Santiago, 04 de agosto de 2008.-

sábado, 2 de agosto de 2008

Museo Nacional Benjamín Vicuña Mackenna y Sociedad Chilena de Fantasía y Ciencia Ficción (SOCHIF) le invitan a participar y a conversar en dos actividades relacionadas con problemáticas urgentes para la sobrevivencia de la humanidad...

Sábado 9 de agosto, 15 horas: DESTINO Y LIBERTAD EN LA SOCIEDAD EMERGENTE.

Exhibición de la pelicula “Gattaca” (1997), de Andrew Niccol. Comentarios y intercambio de opiniones a cargo de los escritores Edgar Unger Reuther y Juan Manuel Silva Henriquez.

Jueves 14 de agosto, 19 horas: AMENAZAS Y URGENCIAS ECOLÓGICAS DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA CF.

Exhibición del documental “Una verdad incómoda” (2006), de Davis Guggenheim, con Al Gore. Comentarios e intercambio de opiniones a cargo de los escritores Edgar Unger Reuther y Juan Manuel Silva Henriquez.

SALÓN PRINCIPAL DE MNBVM: Av. Vicuña Mackenna 94, Parque Bustamante (línea 5), Prov., 2229642.

Santiago, 02 de agosto de 2008.-

domingo, 27 de julio de 2008

“HERENCIA” (2005), DE EDGAR UNGER
Por J. Manuel Silva Henríquez
(Ingeniero Ambiental).

Edgar Unger (1935) presentó “Herencia”, bajo sello de Editorial Puerto de Palos, en el año 2005. Tenemos aquí un trabajo científicamente bien documentado con una narrativa ágil. Tiene ciertos ribetes moralizantes con una mezcla adecuada de aventuras y salvación para la especie humana. Se presenta a un héroe que parece predestinado a realizar grandes proezas. Este personaje es John Miller, este cosmonauta civil dedicado a tareas de exploración e investigación halla en el interior de un cráter de Marte signos de que hubo alguna vez presencia de vida extraterrestre.
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Este planteamiento es muy actual si consideramos las últimas informaciones del planeta Marte donde se ha encontrado presencia de agua, y en su pasado hubo hasta mares. Situación muy parecida está ocurriendo en la Luna, donde se conjetura que debe haber agua congelada en sus polos. Estos son indicios indiscutibles de la presencia en el algún momento de la existencia en estos planetas de algún tipo de vida.
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La existencia de vida extraterrestre es un hecho que muchos científicos ―como Hawkings, Claudio Bunster, Paul Davies en su libro La Nueva Física y Dios― señalan como un cierto, pues pueden ser civilizaciones que se hallan extinguido y sólo percibamos señales de radio o artefactos.
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Nuestros héroes en su poderosa nave se dirigen hacia Alfa Centauro buscando un lugar adecuado para recomenzar. Al cabo de unos ocho años de travesía han agotado prácticamente sus recursos. Pero gracias a los conocimientos y a la pericia de Miller logran arribar a un hermoso y fértil planeta, donde se instalan inmediatamente. Aquí encuentran a una civilización extraterrestre con la cual deben congeniar para sobrevivir y se las ingenian para ser aceptados por esta raza muy parecida la nuestra.
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La obra escrita por nuestro amigo de origen alemán, “Herencia”, nos recuerda a varios escritores de ciencia ficción anglosajones, como Clarke, Robert Heilein, Larry Niven, Jack Williamson etc. Exhibe, además, reminiscencias de la ciencia ficción clásica de la década de los 60. Pero esta obra está escrita durante el siglo XXI. Por tanto, su enfoque es más actual y permite varias lecturas.
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La idea de la existencia de una cosmonave de este tipo no es ni más ni menos que el Arca de Noé, la cual se debe construir para estar alertas por la destrucción del planeta producto de los cambios ambientales. Este tipo de Arca se está construyendo en Europa para preservar la flora y fauna existente en nuestro planeta.
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Edgar también nos da un profundo mensaje ecológico y la necesidad del hombre de abandonar el planeta, pues hay problemas de degradación ambiental muy severos, tal como lo estamos viviendo en este momento con el calentamiento global. Nos alegramos por el optimista destino que Edgar da al hombre, incluyendo una segunda oportunidad a esta porfiada raza humana para recomenzar.
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También esta obra cumple a cabalidad con el propósito de la ciencia ficción, género literario que permite desarrollar mentes imaginativas y de rápido pensar que puedan captar en profundidad la importancia de los cambios. Este género se adelantó en los vuelos espaciales, la robótica y los problemas ambientales. Quienes leen este género están con sus mentes a la altura de los tiempos modernos. Recordaremos que la era del espacio fue inaugurada con el lanzamiento del Spútnik I, y es a partir de entonces que este género literario entró en una importante etapa de maduración y su importancia continúa creciendo, con obras de este tipo que nos hablan del hombre y su naturaleza.
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Santiago, 25 de Julio de 2008.-

miércoles, 23 de julio de 2008

“HERENCIA” (2005),.
DE EDGAR UNGER.

Comentario de Patricio Haschke Fritz.
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Me vi en la necesidad de leer nuevamente el libro “Herencia”, de Edgar Unger Reuther, ya que al conocer las críticas recibidas me pareció haber leído otra edición.
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Tengo que reconocer que no soy diseñador gráfico ni escritor; no puedo criticar colores, tipos de letras y menos calidad de papel. Mis primeras lecturas fueron “pulp-fiction”, y no podría desconocer mis orígenes.
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Sólo soy un fanático lector, y leo lo que cae en mis manos, preferentemente ciencia ficción. Como crítico sólo puedo decir, y argumentar, si me gustó o no me gustó lo leído. Y de esta manera acojo o rechazo a un autor. Es verdad que es un método muy personal, pero no pretendo ser un sacerdote y predicar las bondades o errores de textos, o guiar a los lectores por sendas de lo excelso de la literatura. Por deformación profesional me gusta la física, astronomía y demás ciencias exactas, y si hay algo que no entiendo lo investigo para saber de que se habla.
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Mis preferencias pueden ir encaminadas por la Ópera Espacial, y no busco desigualdades e injusticias de género donde son difíciles de encontrar.
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Me gustó la obra de Edgar y seguiré su trayectoria a pesar de las críticas de los “iluminados”.
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Santiago, 23 de julio de 2008.

martes, 15 de julio de 2008

CICLO DE CINE EN ICHPA.

Sociedad Chilena de Psicoanálisis (ICHPA) invita a participar en "Ciclo de Cine: Grandes Géneros Cinematográficos". Esta semana corresponde considerar el género que nos convoca: la CF.
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La película, y el debate posterior, mostrará que este género mucho puede decir respecto a la salud mental, tan debilitada en la actualidad en nuestro país. Lamentablemente, la CF cultivada por muchos autores sólo sirve como instrumento de evasión e infantilización. Filmes como el que será analizado en esta ocasión nos permiten avanzar no sólo en educación estética, sino en aspectos decididamente terapéuticos, en procura de una auténtica individuación.
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Viernes 18 de Julio: Ciencia Ficción.
Película: Blade Runner (1982).
Director: Ridley Scott.
Reparto: Harrison Ford, Rutger Hauer, Edward James Olmos y Darryl Hannah..
Basada en la novela de Phillip C. Dyck: “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”.
Música: Vangelis.
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Presentador: Eduardo Recordon Zerwekh.
El Sr. Recordon ha realizado estudios de apreciación cinematográfica, y es Diplomado en Estudios de Cine de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es de profesión Ingeniero Civil de Industrias y Máster en Administración de Negocios.
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21 horas, entrada liberada, cupos limitados
ICHPA: Av. Holanda 255, Providencia

domingo, 6 de julio de 2008

LA SAGA DE TERRAMAR, DE U. K. LEGUIN.
Por Teobaldo Mercado Pomar.
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Esta saga es una gozada de principio a fin, me mantuvo interesado en la trama y no destiñó en ningún momento. Como nota curiosa, debo añadir que no soy lector de fantasía, pero esta saga se merece toda mi atención.
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Comienza con “Un mago de Terramar”, en donde se narran las aventuras y desventuras de Ged más conocido por su apodo de Gavilán, quien parte a la Escuela de Roke para aprender magia (sí, antes de Harry Potter ya existía una Escuela de magia, ¿no lo sabían?). Allí empieza a descubrir sus habilidades y su inexperiencia y juventud le juegan una mala pasada, lo cual redundará en su alejamiento de la Escuela para internarse en un viaje que lo transformará completamente.
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La historia prosigue con “Las tumbas de Atuan”, en donde un Gavilán más maduro y precavido se encuentra con Tenar, una joven sacerdotisa del culto a los Sin Nombre, en un laberinto mortal del que nadie ha escapado. La historia es sencilla en su planteamiento, pero llena de sabores y sensaciones de sus personajes, pues hace que la sacerdotisa cambie paulatinamente su modo de pensar.
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En el tercer libro, “La costa más lejana”, asistimos al encuentro entre el Archimago Gavilán y Arren, príncipe de Morred, quienes se embarcarán en una aventura que intentará resolver el misterio que se cierne sobre la magia en Terramar. Hay dragones, magia y un extraño no-muerto que se conjugarán en un final de lo más inesperado por sus consecuencias para el Archimago.
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Tehanu” continúa la historia y cuenta la historia de Therru, una niña quemada que es salvada por Goha, la sacerdotisa que aparece en el libro anterior, pero que ya ha madurado y ahora es viuda y madre de dos hijos. La mujer adopta a la criatura y poco a poco se nos desvela una realidad acerca de los humanos y dragones. Es una historia de esfuerzo y sacrificio, vista desde la perspectiva de una mujer que ha renunciado a lo mágico para tener una vida normal…, hasta que las circunstancias la obligan a retomar ese camino de una manera inesperada. También aparece Ged, continuando lo acontecido al final del libro anterior, un Ged que ya no es Archimago y que ha perdido toda su capacidad para usar la magia.
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En el Otro Viento” se narra la aventura de la mujer de Gavilán, quien junto a su hija adoptiva Therru se embarcan con el príncipe Arren en una travesía que intentará recomponer el perdido equilibrio entre humanos y dragones. Como siempre, Ursula K. LeGuin nos describe muy bien a sus personajes, entremezclándolos de manera maestra con la trama, una trama en donde la magia y lo fantástico no están ajenos, pero no por ello son atosigantes.
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Nota: Si alguien busca libros con batallas épicas, princesas curvilíneas y héroes legendarios, entonces se ha equivocado de historia. Una saga para leer tranquilo y relajado, no apto para quienes desean acción trepidante y hechizos al por mayor o grandes duelos de espadachines superdotados. Y —no puedo evitar el mencionarlo— la miniserie/película larga que exhibió Hallmark Channel basada en los dos primeros libros se parece en casi nada a lo que narran las novelas.
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Santiago, 6 de julio de 2008.
Nota: Imágnes de portadas de libros facilitadas por el autor del comentario.

sábado, 5 de julio de 2008


PRELUDIOS A LA FUNDACIÓN DE ASIMOV.
Por Teobaldo Mercado Pomar.
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He leído dos libros que son las “precuelas oficiales” de la saga de la Fundación de Isaac Asimov: “El temor de la fundación”, de Gregory Benford, y “Fundación y caos”, de Greg Bear.
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Ambos están entre mis autores favoritos, pero pese a eso no lograron convencerme con sus historias acerca del particular universo creado por el patillas. ¿Por qué? Pues porque considero que tratan de justificar lo injustificable, aquellos errores debidos a las limitaciones de la época que hoy en día no son comprensibles. Se trata de hacer calzar forzadamente las ideas de una galaxia sin otros seres vivientes más que los humanos; los robots, también, son dejados de lado, aunque se intenta una explicación que ―a mi modo de ver― no es convincente. En realidad, el gran error fue juntar dos sagas que nada tenían que ver: la de los Robots y la de la Fundación, usando un pegamento de lo más artesanal (sería como usar nuestro tradicional engrudo para pegar las paredes de una casa).
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Benford rellena interminablemente con las recreaciones artificiales de Voltaire y Juana de Arco, quienes se lo pasan discutiendo de cuestiones filosóficas y morales que en poco o nada aportan al argumento. Su descubrimiento de los alienígenas en medio de las redes informáticas del Imperio es la excusa más tonta que he encontrado acerca del motivo de la inexistencia de otras razas en la galaxia. Peor aún, el mismo autor se autoplagia descaradamente, pues esos alienígenas artificiales son sospechosamente parecidos a la civilización mec de su estupenda Saga del Centro Galáctico.
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Bear, en cambio, adopta un enfoque más práctico y su trama se deja llevar por el sendero de la vida de Hari Seldon en los tiempos previos a la creación de la Fundación. Es más dinámica, pero también noté el gusto por tratar de justificar los errores en la lógica de la historia, dando interminables rodeos para hacerle comprender que un telépata podía arruinar su cuidadoso plan de la psicohistoria.
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Los dos libros me dejaron una sensación que me trae a la mente aquella vieja frase: “El papel aguanta todo”. Lo siento, como escritor valoro el esfuerzo involucrado; empero como lector apenas lograron sacarme el aburrimiento, inclusive, me salté páginas para no seguir eternamente con los libros.
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Fue un error, insisto, aquellas historias debieron quedarse como estaban o, a lo sumo, seguir escribiéndolas con las mismas premisas de antaño, sin tratar de meter con calzador explicaciones que no tienen mayor lógica ni sentido.
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Dudo mucho que lea algo más de lo “nuevo” de las Fundaciones.
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Santiago, 5 de julio de 2008.
Nota.- Imágenes de portadas de libros facilitadas por el autor del comentario.

martes, 10 de junio de 2008

REGRESO A CASA.
Por Patricio Haschke Fritz.
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(Recreación de “El túnel adelante”, de Alice Glasser.)
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¿Alguna vez alguien se ha detenido a pensar cómo la naturaleza nos pasa la factura por los gastos que generamos al contaminar? ¡Cuántas cosas hemos perdido que para nuestros padres eran habituales!
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Personalmente tengo un presentimiento. Este me viene cada vez que me encuentro en un taco y veo cómo ha aumentado la cantidad de vehículos, como en cierta manera hemos asumido este costo por ser dueños de un auto, lo que perdemos cuando creemos que somos libres para desplazarnos adonde queremos ir.
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He aquí algunas cosas que NO SE PUEDE:
Exponer la piel a los rayos solares: Capa de ozono destruida.
Comer crudos mariscos y verduras: Virus del cólera.
Comer mariscos incluso cocidos: Marea roja.
Hacer ejercicios físicos: Smog, problemas respiratorios.
Acampar: Virus hanta.
Comer huevos y derivados crudos: Salmonelosis.
Comer hígado de vacuno: Saturados de esteroides.
Conducir nuestros vehículos: Restricción automotriz, prohibición de estacionarse en gran cantidad de calles.
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Y algunas más que se me escapan, pero que ustedes no ignoran, ya que estamos en el mismo problema. En mis ratos perdidos tratando de circular he cavilado cierta historia que espero jamás ver cumplida.
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“Mis rodillas casi topan con mi cara. Nuestro auto cumple con las normas exigidas por el Estado. Mi familia está compuesta por el máximo permitido por la ley, la formamos mi esposa, mi hijo, mi hija y yo. Mientras conduzco voy recordando los sucesos que han puesto a nuestra familia en esta situación. Nuestros hijos durante largo tiempo nos pidieron conocer el mar. Cosa que logramos tras soportar sus incesantes ruegos.
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El Gran Santiago, ciudad que imposibilitada de seguir tragando las más ricas tierras agrícolas se vio obligada a crecer en altura, y ya en el año 2030 tenía la increíble población de 14 millones de habitantes. Contaminada en todos los sentidos, la sociedad se vio obligada a normarse para poder sobrevivir con una muy mala calidad de vida. Las familias son de un máximo de cuatro componentes, los miembros adicionales acarrean las penas del infierno en materia de impuestos y gastos, que antiguamente eran relativamente gratis pasan a ser increíblemente caros, los de educación, salud y vivienda, obligando a ser muy cuidadosos al momento de escoger aumentar la familia. Los medios para regular la natalidad (anticonceptivos, abortos y esterilización) son gratuitos, y no olvidemos la eutanasia, son entregados por el Estado.
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El país, y en general todos os países del mundo tienen el mismo problema, y estas normas son un hecho corriente en todo el orbe. La moral, la ética y las religiones se vieron sobrepasadas, y la especie es más importante que el individuo. Pero todo esto no lo saben nuestros hijos que ingenuamente juegan y ríen en la parte trasera de nuestro pequeño auto compacto de origen asiático. Felices e ignorantes de nuestras preocupaciones sólo recuerdan los gratos momentos de su tarde en la playa.
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Después de presentar varias veces la solicitud de viaje al litoral central nos vimos “favorecidos”, si así se puede decir con un cupo para estar unas horas en la playa, asumiendo por escrito los riesgos que esto conlleva. Todo comenzó con un apretado y estricto itinerario que debíamos cumplir. Ingresar a las 6 AM a la antigua Autopista del Sol, y tomar nuestro lugar en la interminable cinta de plástico y acero que conforman los audaces que al igual que nosotros van rumbo al soñado paseo. Luego de largas horas de lento viaje, llegamos a un lugar de estacionamiento distante 2 km de la playa, donde debimos esperar casi una hora nuestro turno de avanzar caminando al lugar que teníamos designado para cambiarnos de ropa y así poder “gozar” de los placeres del mar.
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Estando en esta zona sonó una sirena estridente que anunció el cambio de paseantes. Nos dirigimos presurosos a nuestro lugar indicado, en el cual los niños usaron por primera vez sus baldes y palas con verdadera arena, donde luego de disfrutar de un fuerte sol protegidos por un ungüento de alto factor protector de rayos UV, tomamos a los niños y dirigimos nuestros pasos al mar, esperábamos encontrarlo donde había más gente, acertamos y procedimos a avanzar entre un apretado grupo que pensaba lo mismo que nosotros, luego nos encontramos sumergidos hasta la cintura en el agua donde lo único que podíamos hacer era realizar una extraña gimnasia saltando y agachándonos para mojar el cuerpo entero, esto lo hacíamos imitando a los demás. Luego de permanecer alternativamente en el agua y arena durante 3 horas, la estridente sirena nos anunció el término de nuestro tiempo.
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Desandamos el trayecto a nuestro auto con los niños felices por su tarde de sol y mar, pero mi señora y yo pensábamos sin hablar de lo que nos esperaba.
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El retorno a la gran urbe comenzó con un gran taco que es típico en las carreteras, y aquí me encuentro avanzando apenas en medio de los autos con sus conductores preocupados y ceñudos olvidados al igual que yo de las incomodidades del viaje, pero con la adrenalina a chorros en la sangre. Presiento que Eugenia me mira, pero cada vez que volteo la cara, ella esquiva mi mirada, está callada pero sé en lo que está pensando. Atrás Ilse y Jorge, sin saber de nuestra preocupación, continúan con sus fantasías. El tránsito es lentísimo y a ratos se detiene, ambos sabemos la causa, y la tensión aumenta. De pronto a lo lejos vemos el gran túnel que separa la Quinta Región del Área Metropolitana. Quisiera salirme de la carretera, pero esto es imposible por las barreras a los costados. El flujo vehicular nos conduce al túnel, el ambiente se hace tenso, y los niños captan nuestro nerviosismo y callan tratando de comprender la situación. Hacen algunas preguntas que no contesto por no mentirles.
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Así, sin querer hacerlo, ingresamos al túnel, largo, larguísimo, interminable. Ya no respiro, sólo trato de ver el final. El flujo es lento e insoportable... Por fin diviso la señal indicadora de la salida, trato de rezar, pero los nervios me impiden hacerlo...
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¡Hemos salido! Avanzamos unos metros, y yo estallo en risas, Eugenia rompe en un histérico llanto, Ilse y Jorge nada comprenden. De repente suena un largo bocinazo que es cortado bruscamente. Miro por el espejo y veo que el túnel se ha cerrado. El destino quiso que fuéramos ganadores de un premio más grande que los antiguos Loto y Kino. Esta vez el túnel nos perdonó.
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El método aleatorio de controlar la población consiste en cerrar el túnel, inyectar gases mortales, incinerar a todo lo que se encuentre en su interior, y así cuatro pistas con 4 km de largo ocupadas por autos de 2,5 m de largo, que hacen un total de 6400 vehículos con 4 ocupantes. Es decir, 25600 santiaguinos desaparecen dejando su lugar a otros. Este ciclo se repite varias veces por día.
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Pero ya no estamos tristes. Sólo es el precio de vivir en el Gran Santiago.”
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Narración incluída en Revista Quantor, Año I - Nº 2.
Ilustrada especialmente por el dibujante Hernán Escobar.
Santiago, Ediciones de la Golondrina, 1998.

jueves, 5 de junio de 2008

EN MEMORIA DE CARLOS SEPÚLVEDA.
Por Mª Eugenia Walker Vicuña.
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En este aniversario del fallecimiento de Carlos Sepúlveda quiero recordar brevemente el talento que él desarrolló en vida en el área de las artes plásticas. Tuve la oportunidad de apreciar algunos bocetos suyos y en ellos destacaba su buen gusto, percepción educada y su voluntad de experimentación.
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Él parece haber seguido esa tan querida máxima de los intelectuales comprometidos: ser revolucionarios en las acciones e interpretaciones, y educados burgueses en cuanto a gustos estéticos.
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Por compromisos ineludibles no podré asistir a la actividad a realizarse en su homenaje. Pero he querido participando a través del diseño del afiche promocional. Lo he elaborado siguiendo los requerimientos del Museo anfitrión así como los de la SOCHIF, destacando un dato histórico de ella.
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Santiago, 27 de mayo de 2008.

miércoles, 4 de junio de 2008

PARA MI HERMANO CARLOS RAÚL.
Por Ramiro Sepúlveda Contreras.
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Compañeras y compañeros:
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Siempre es muy agradable reunirse para recordar a una persona querida. Es grato encontrarse con ustedes quienes fueron familiares, amigos, amigas, discípulos, aliados y hasta adversarios políticos que también respetaron a mi hermano Carlos Raúl.
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Desde luego ―y cómo no― me llenó de orgullo la invitación a participar de este acto, cuando llegaron a mi casa Richard Salazar, nuevo presidente de la SOCHIF (“el buen alemán”, le decía Raúl) y el Pato Haschke, su otro buen amigo y adlátere. Si alguno de ustedes no lo sabe, SOCHIF es la sigla de la Sociedad Chilena de Fantasía y Ciencia Ficción.
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Es lindo saber que sus sueños, su dedicación y su esfuerzo en la literatura, en la política y en la vida no fueron vanos. Que aquí están quienes lo quisieron y respetaron como fundador de la SOCHIF, donde editó la Revista Quantor y los libros de numerosos amigos, muchos de los cuales ya partieron. Entre ellos ―cómo olvidarlo― Juan Ricardo, el Guatón Muñoz, el querido Viejo Roca, el Chico Max y, desde luego, su compañera Eugenia Landabur. Mis mejores augurios para la generación que reemplaza hoy a aquellos que ya partieron.
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Aquí están quienes lo conocieron como el político contestatario y luchador que, desde su periódico digital El Tábano, se enfrentó a los dragones del poder. También se encuentran los que participaron de los Talleres de Reflexión Política Francisco Bilbao, qué, a través de su publicación “Voces Nuestras”, rechazó la exacción de los impuestos a nuestras riquezas básicas y denunció componendas y arreglines de bigotes.
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Han llegado, además, aquellos que lo conocieron como dirigente de artesanos y pobladores, a quienes editó una red de periódicos barriales para defender sus derechos en las distintas zonas de la capital.
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A todos ustedes, que lo conocieron como un gran organizador, como un intelectual, como un rebelde natural y finalmente como aquel escritor iluso, fantástico y siempre enamorado de la vida. Muchas gracias por estar aquí.
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No es mi intención aburrirlos.
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Me pidieron contar experiencias personales. Que relatase vivencias familiares, un poco de lo que fue nuestra vida o, como dicen ahora, ¿cuál fue el lado B de mi hermano? Nunca seré un infidente.
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Entremos en materia.
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Carlos Raúl, desde niño, siempre fue conocido como Raúl Sepúlveda, porque llevaba el mismo nombre de mi papá. Eso de Carlos sólo surgió después del año 1973, cuando muchos trataban de irse al exilio y otros pretendíamos hacer algo por Chile, sin alejarnos mucho. Fueron días duros para nosotros... Sufrimos por mi hermano menor Daniel, Detenido Desaparecido en ese mismo mes de Septiembre. Por otro lado, Raúl, que era el mayor de todos, y yo fuimos apresados y torturados. Raúl, al que desde niño le dije Guatón,
fue hasta el día 11 el Secretario General de una organización de la cual muy pocos sabían que existía: el Partido Federado de la Unidad Popular.
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Por aquellos días yo me desempeñaba como Jefe de Informaciones de Radio Magallanes y sobre el particular permítanme una pequeña aclaración.
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Hace unos años supe que un periodista que ese día 11 estuvo en la radio sólo hasta las 8 de la mañana, declaró reiteradamente durante su permanencia, exiliado en Europa, haber hablado esa mañana con el Presidente Allende en tres oportunidades. Esta declaración, absolutamente falsa, fue refrendada como verdadera por el Partido Comunista. El reportero a quien me refiero fue denunciado ante la Comisión de Ética del Colegio de Periodistas porque nunca habló con el compañero Presidente. En honor a la verdad, fui yo quien se comunicó esa mañana ―vía magneto― con el Presidente y luego entregué el teléfono a Guillermo Ravest, Director de la emisora, que fue quien formuló el reclamo contra el periodista citado, el que hoy, lamentablemente, adolece de una grave enfermedad.
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Perdónenme por haberme referido a esto (muy al margen del tema que nos convoca). Lo hice a petición de mi propio hermano Raúl a quien, en vida, le molestaba mucho esta situación, y de Richard Salazar que al invitarme a este acto, hace unos días, me manifestó su extrañeza porque nunca me hubiese referido a este equívoco. Si no hablé antes es porque siempre creí que lo importante fue posibilitar ese maravilloso discurso de las grandes alamedas y no orgullos ni lucimientos personales.
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Mi hermano Raúl fue rebelde desde siempre. Cursaba el Quinto Año de Humanidades en el colegio que la Alianza Francesa mantiene en Osorno cuando fue expulsado por encabezar la primera huelga de estudiantes que debió soportar ese establecimiento. No crean que por estudiar en ese colegio pertenecíamos a una familia muy pudiente. En verdad, somos de la llamada clase media-media. Mi papá era Profesor de Química y Farmacia y, aparte de en el Liceo, hacía clases en la Alianza y nosotros teníamos gratuidad de matrícula y estudios. Como yo era más chico que el Guatón y le seguía las de abajo, ambos fuimos exonerados junto a varios de mis compañeros de curso, amigos que algunos de ustedes conocen: Iván Marty, el Patán Mancilla, quien ahora es profesor de la misma Alianza Francesa, pero en África, y Pato Ahumada al cual, años después aquí en Santiago, luego de trabajar esforzadamente junto a Raúl ―en su época de artesano― la dictadura lo hizo desaparecer.
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Fruto de aquella huelga juvenil fueron también nuestros primeros nexos con los jóvenes comunistas, los que se acrecentaron cuando fuimos recibidos en el Liceo de Hombres de la ciudad.
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Raúl fue comunista durante muchos años. Ingresó primero a la Juventud y luego al Partido Comunista. Dirigente estudiantil primero y funcionario después, recorrió el país como un revolucionario profesional. Candidato a regidor y a diputado en la provincia de Ñuble, donde formó numerosos comités locales y bases. Siendo Secretario Regional en la provincia de Llanquihue, subrogó varias veces al Intendente Regional. Luego fue al Congreso donde, como funcionario de la Cámara, trabajaba con los diputados comunistas. Durante algún tiempo se sumó a la Organización Mundial por la Paz, que lo condecoró con la Medalla de la Paz en reconocimiento a su dedicación y esfuerzo.

Finalmente el Golpe Militar lo sorprendió en el citado Partido Federado de la Unidad Popular, una organización de carácter instrumental donde se reunían los partidos de la coalición de gobierno del Presidente Salvador Allende. Después, bueno, ustedes ya saben. Como muchos, incluida mi mamá y nuestro amigo Domingo Araya, y muchos otros se incorporó al PPD para lograr la vuelta a la democracia. No duró mucho allí. Primero se enfrentó a Schaulsohn, que está a la vista en lo que terminó, y más tarde con Bitar. Finalizó separando aguas con la fundación de los Talleres de Reflexión Política Francisco Bilbao, inicialmente creados como un espacio crítico en el propio seno del PPD.
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El Gordo fue siempre un muchacho tímido y retraído, no obstante muy influyente entre sus amigos que en aquellos años lo llamaban “el Filósofo”. Siempre con un libro bajo el brazo, no le gustaban las fiestas, no sabía bailar, cantaba desafinado, y no era de muchos pololeos, pero cuando se enamoraba había que tenerle respeto. No voy a hablar de sus pololas. Sólo un recuerdo para su mujer Anita María, tempranamente fallecida y con la cual formó una linda familia. Sus hijos Raúl Eduardo, Rita Rosana, Hilda Amelia y Ana Paz. A ellos se dirigió en su última novela, “La puerta negra”, cuando sintió que ya le llegaba la hora. Muchos de los que están hoy participaron hace poco más de un año en el lanzamiento de ese libro en la Sociedad de Escritores de Chile, institución que siempre lo acogió cálidamente. Permítanme citar algunas frases de ese texto:
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Esto es para mis hijos...
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Nunca he dejado de pensarlos como pedazos míos, carne de mi carne y de mi sangre, asumiendo sus dolores y perplejidades.
¿Es una justificación?
¿Con eso basta?
Si, no ignoro que de repente pueden reclamarme una herencia verdadera.
Castillos, tesoros.
¿Qué tesoros?
¿Qué clase de joyas escondidas, yo, que a lo largo de mi vida sólo he reunido música, libros y colores?
Tal vez una canción infantil que inventé para ustedes.
Una palabra única, una palabra de amor secreta, para nombrarlos, algo para ser transmitido a sus hijos como si fuese una caricia solo nuestra.
¿Qué respuestas puedo dejarles yo que sólo tengo preguntas?
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Raúl estuvo permanentemente apegado a su familia. En especial a mi mamá. Casi todos ustedes la conocieron como la Señora Hilda, en la casa de la calle Copiapó. Hace pocos años, tras su interminable tratamiento de diálisis, tres días a la semana, también nos abandonó. Fue una mujer de gran temperamento y mucha sensibilidad. No les quepa duda que su muerte nos golpeó fuerte. Especialmente a mi hermano Raúl, el cual, durante muchos años, permaneció bajo su alero, y entre ambos se acompañaron, protegieron y cuidaron.
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Fuimos buenos hermanos. Desde chicos tuvimos una relación armónica, de repente interrumpida por una discusión o un diferendo. Tenía que darse. Aún cuando por lo general estábamos de acuerdo y teníamos idearios comunes, Raúl fue siempre voluntarioso, y yo tampoco lo hago mal. Durante los últimos años, en la medida que nos quedábamos más solos, nos acercamos cada día más. La diabetes, enfermedad que también compartimos, fue otro factor importante.

Participamos de una marcha al Cementerio General un 11 de Septiembre. En esa ocasión Raúl se hizo una herida en un pié, fruto de la caminata. Porfiado como era, no quiso detenerse hasta que llegó cojeando al Memorial de los Detenidos Desaparecidos. Nunca logró recuperarse de esa, para otros, pequeña lesión. Durante meses lo acompañé diariamente a sus curaciones en el Consultorio Nº 1. A veces, debo reconocerlo, a regañadientes. No hubo cura y finalmente le cortaron un dedo del pié. Un ortejo, dicen finamente los médicos. Durante su hospitalización en el Hospital Salvador escribió una cueca larga sobre la lucha de los mapuches por sus derechos. Lamentablemente, no la pude encontrar entre sus papeles. Amistoso, como era, hizo buenas migas con muchos funcionarios de la Salud Pública, tan vilipendiada. La Señora Rita, su enfermera en el Consultorio a quién recordaba con especial cariño por su dedicación y profesionalismo. ¿Será por eso de que todos los enfermos se enamoran de las enfermeras?
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Murió con una sonrisa socarrona, como satisfecho de su vida. Con la misma simpleza que vivió. Déjenme contarles. El día que llegó a la Posta Central, desde donde no pudo salir con vida, habíamos almorzado juntos y estaba absolutamente normal. Fue por la tarde cuando recibí el llamado de su amigo Alfredo Parada, que había concurrido a visitarlo, el que me informó que Raúl no reconocía a nadie y que estaba hablando incoherencias. Ya en la casa de Copiapó, pensé que podía haberse tomado unos tragos, pero no era así. Llamé a la ambulancia y fuimos a la Posta.
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Luego de ser atendido, inyectado y oxigenado, recuperó la conciencia y pude pasar a verlo:
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― ¿Dónde estoy?, ¿quién me trajo?, ¿por qué me trajiste?
―Estabas difareando y no reconocías a nadie, le contesté.
―El que yo esté difareando es lo normal, no es ninguna novedad. Préstame tu celular, respondió.
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Trató de comunicarse no sé con quien, pero no lo logró. El médico de turno me dijo:
―Señor, su hermano tiene visita mañana en el cuarto piso.
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Me retiré contento porque ví que estaba lúcido. Ese fue el último atisbo de conciencia y de su humor lúdico. Nunca más nadie pudo cruzar una palabra con él.

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Santiago, 27 de mayo de 2008.

Nota: Leido en el homenaje que SOCHIF efectuó en memoria de Carlos Raúl Sepúlveda en Museo Nacional Benjamín Vicuña Mackenna.